Por Gabriel Reymann
Sin planificación alguna, tan solo mediante la feliz coincidencia, la edición argentina de letras pudo, en 2024, llenar por partida doble ese casillero vacío destinado a las publicaciones en el país, de libros pertenecientes al gran poeta ruso Osip Mandelstam (1891-1938). Por un lado, vio la luz el lanzamiento, por parte de Blatt & Ríos, de los Cuadernos de Vorónezh, obra fundamental de la poesía de Mandelstam, con traducción de Fulvio Franchi; por el otro, también con traducción de Franchi, llegó a las bateas de las librerías el volumen de prosa que nos ocupa, Viaje a Armenia, editado por Partícula.

A la hora de abordar, introducir, la figura de un artista es imposible aislar lo extra-artístico -esto es, lo concerniente a su biografía-, pero siempre, indefectiblemente, es conveniente despejar rápido la incógnita, para no obturar caminos a la aprehensión, ni contribuir a seguir perpetuando significados osificados. En el caso de Mandelstam, lo dicho aplica a su condición de poco menos que mártir del comisariado del stalinismo y su aparato delator, persecutorio. Para la publicación original en la revista Zviezdá en 1933 de Viaje…, Mandelstam cursaba años ya de silencio literario; la edición de las crónicas va a acelerar su mala reputación bajo la órbita del régimen, y su “Oda a Stalin” terminará de sellar su fatídica suerte, derivando en su encarcelamiento y posterior muerte en la prisión soviética, producto de su frágil salud[i]. Eso es suficiente para pasar a lo que en verdad nos atañe.

Aparte de la traducción, Franchi se encarga de la valiosa introducción[ii], texto que pone en contexto y valor la obra del poeta eslavo. Da nombre a lo que aguarda en las subsiguientes páginas, la búsqueda expresiva de la corriente a la que adscribía Mandelstam: el acmeísmo. Esta escuela soviética derivaba de y reaccionaba contra el simbolismo; los esfuerzos estaban dirigidos a recuperar la potencia semántica en directo del mundo terrenal. Pero, valido aclarar, no hay que asociar esta visión tampoco, a su vez, con algún tipo de objetivismo, ni, mucho menos con llanuras yoicas del texto o grados ceros del lenguaje. Dirigiéndonos ya específicamente a Mandelstam, y aún más en particular a Viaje a…, lo que está en juego es justamente el dúctil ejercicio del lenguaje en el coto propio de la poesía, por más que el material se trate de crónicas -y no de “poesía en prosa”-. Utilizando términos que probablemente el propio Mandelstam desautorizaría, tanto en términos éticos como estéticos, la cuestión es asumir la función artificial, inclusive mentirosa, mendaz, del lenguaje en la poesía y extremarla, sea en la adjetivación, sea en la cadena de asociación de los significantes. Sin ser exactamente una visión panteísta la del escritor, imprime cualidades inusuales a la naturaleza, desplaza.
Vale traer unas citas del libro a colación, como muestra:
“¿Qué decir del clima de Seván? Divisa de oro para coñac en el
pequeño armario secreto del sol de la montaña”
“Los dientes de la vista se desmigajan y se quiebran cuando
observan por primera vez las iglesias armenias”
“El profesor Jachaturián, con la cara cubierta por una estirada piel de águila debajo
de la cual todos los músculos y ligamentos aparecían numerados y con nombres latinos (…)”

Vista del lago Sevan en Armenia
No está de más mentar que, a casi cien años de aparición de su texto, ese corrimiento del lenguaje no tiene nada que ver con los otros extrañamientos simultáneos o posteriores del siglo XX que han formateado nuestra percepción, mayormente a través de vanguardias como el surrealismo o la psicodelia, en los cuales solemos pensar a la hora de encuadrar expresiones -y concepciones- expansivas literarias. Esta deriva por las ciudades armenias[iii], su gente y sus costumbres, la flora, la fauna y el idioma[iv], excusa para poner en marcha la exploración sensorial toda, guarda candidez y esa seriedad no solemne tan propia de los literatos rusos -cito una vez más: “(…) estate despierto, no temas a tu tiempo, no engañes (…)”-, que atesora en sí la tenacidad, circunspección, sabiduría, e inclusive, abnegación que, usual pero no erróneamente, se suelen asociar a la idiosincrasia del pueblo eslavo. Lo que desenvuelve en sus páginas es, a través de las excursiones de un poeta y filólogo, ni más ni menos que la dialéctica entre la vida que realizan los seres humanos, y la que es realizada en ellos. Lo que conoce a través del lenguaje, y, en el acto de conocer es, a su vez, conocido por el lenguaje.
Viaje a Armenia, Osip Mandelstam, Partícula, 96 páginas.
[i] Es poco lo que publicó en vida o directamente escribió Mandelstam. Transmitió su obra mayormente por medio de la oralidad, siendo memorizada y divulgada por amigos y, en especial, su esposa Nadezhda.
[ii] Aparte de las crónicas en sí, el libro incluye poemas que forman parte del mismo marco conceptual, así como un texto sobre Mandelstam de un autor de pronta aparición en el catálogo de la editorial: Viktor Shlovski.
[iii] Es tentador establecer un paralelismo con la filmografía del francés Chris Marker, en especial con películas como Sans Soleil o Carta desde Siberia.
[iv] Y en verdad bastante más, sin perder coherencia alguna: Mandelstam incluye en medio de sus crónicas, digresiones sobre el impresionismo francés o el oficio de los naturalistas.
![Libros: Viaje a Armenia [Osip Mandelstam]](https://lavidaenlospliegues.com/wp-content/uploads/2026/07/web-osip-mandelstam-portada.jpg?w=1024)
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