Por Gabriel Reymann

Autores, editores, lo imploramos: ¡creen/editen historietas que adapten obras de otros medios! Siempre es un aliciente desde lo comercial (ya existe publicidad de la obra original, que puede oficiar de buen anzuelo) y, desde lo artístico es, de mínima, una buena muestra de la potencialidad del lenguaje de la historieta, sea que se trabaje con una buena materia prima, sea que se le dé una buena vuelta de tuerca a un material de base pobre.
Por eso es un buen motivo para celebrar que el francés Manu Larcenet haya echado mano de La carretera, la (muy buena) novela del estadounidense Cormac McCarthy y la haya llevado a la historieta en 2024.

Antes de ir a la adaptación propiamente dicha[i], unas pequeñas palabras sobre el libro del autor de No country for old men. The road es una novela del 2006 que McCarthy dedica a su hijo John Francis, y eso ya es un buen indicador de por dónde van los tiros; el relato muestra a un padre e hijo (de los cuales se desconocen los nombres) en un escenario postapocalíptico sin fecha, en los Estados Unidos, en el que el mundo ha quedado cubierto de gris, y el nihilismo es literal. No hay nada a lo que encomendarse, buscar refugio en, ni Dios, ni Estado, ni civilización, puesto que reina un escenario de paranoia y desconfianza extrema de sálvese quien pueda, que toca los extremos de la práctica del canibalismo. En medio de todo ese desamparo, padre e hijo van en búsqueda del mar, y, lógicamente, tratando de sobrevivir a toda clase de peligros en el camino, que no incluyen solo a los otros humanos, sino también al hambre, las inclemencias del clima, y la lisa y llana falta de futuro.
Vale la pena traer a colación otra adaptación del libro, la película de 2009 del mismo nombre que la novela, dirigida por John Hillcoat y protagonizada por Viggo Mortensen, bastante lograda y fiel al espíritu del libro. Visualmente está teñida de un gris ceniza volcánica, del cual solo sale en los flashbacks de color -los mismos sueños que tiene el padre en el libro-. Esas retiradas de la monocorde y funesta realidad, junto a la puesta en escena del final -novela, film y libro lo comparten-, son pequeños resquicios (¿alivios hollywoodenses?), que, pese a la escenificación de la violencia y el decaimiento, la vuelven quizá la versión más ‘amable’ de todas.

Entonces, estas dos transposiciones -comic, film- de la idea madre de la novela original, muestran como la puesta en escena y marcha de un concepto base, puede llevar a distintos puertos claramente diferenciados.
El tono de la historieta enfatiza algo que quizá no esté siquiera latente en el libro original: la atmósfera de terror. La novela de McCarthy es distopía post-apocalipsis, novela del camino y, porque no, western; hay escenas terribles, sí, pero la posibilidad de encarnar todo ello en términos gráficos, sin desviarse demasiado de las premisas iniciales, abre el campo de juego.
El estilo de Larcenet aquí no tiene nada que ver, faltaba más, con trabajos suyos como La mazmorra; se halla cercano al estilo visual de su El informe de Brodeck, pero a su trabajo en La carretera se le podría llamar una evolución de El informe….
Ambos comparten una estética rugosa -hombres pesados con abrigos ajados-, pero La carretera enfatiza muchísimo la jungla de líneas en los ropajes. Donde Brodeck es blanco y negro, aquí se mueve todo en una paleta -lógicamente- mayormente gris, un festival de tonalidades que rara vez logra alzarse por encima de las planicies de la desaturación y lo frío.

En el terreno de los nombres propios, la impronta visual de Larcenet aquí se podría llegar a asociar a Frederik Peeters, quizá algo de Alberto Breccia y no poco de Dino Battaglia; en el caso puntual de estos dos últimos, el vínculo se establece por el gran trabajo de texturas -con aspecto de trabajo mixto digital y a mano- que muestra La carretera. Aunque quizá el mayor parentesco -sin plagios, siquiera homenajes- pueda establecerse con el gran Berni Wrightson, palabras mayores dentro del terror en la historieta, claro está. La presentación de cadáveres momificados -bellos y terribles al mismo tiempo en su descripción- en particular, y todo el esfuerzo a la gran construcción de un ambiente, un escenario situación, -y el nivel de detalle en el dibujo- es lo que hermana La carretera con la producción del creador de Swamp Thing.
En el plano narrativo, La carretera es un comic cuasi-mudo, lo cual tiene sentido desde ya: con el dibujo, Larcenet cuenta aquello que McCarthy se ocupa en el libro de describir muy gráfica y minuciosamente. De esta manera, el comic se extiende como un lienzo en el cual habita mayormente el silencio, puesto en página con grillas muy numerosas de viñetas -hasta trece por página, por ejemplo-, y cierto desmenuzamiento de los ambientes, deudor del montaje analítico.

Pero, más allá de la resolución del relato, hay otro cauce en el cual confluyen historieta, película y novela, y es el tema. Y ese tópico no es el fin de la civilización, o el mundo, sino la construcción -crianza- de una mente infantil, qué se le oculta, de qué se le puede proteger, el modelamiento bienintencionado, con las correspondientes limitaciones, involucre o no potenciales caníbales alrededor, que realiza un padre (o madre, claro) con su hijo. Los diálogos entre el padre y el hijo en la historia -telegráficos en las tres versiones- habitualmente desembocan en callejones sin salida, silencios, puntos suspensivos, preguntas que no tienen respuesta alguna. Recordatorios de ciegos guiando a (aún más) ciegos que ellos, encomendados al azar, ya no a Dios, bajo un cielo muy poco protector.

[i] Con edición argentina a cargo de Hotel de las Ideas, española vía Norma.


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