Por Gabriel Reymann
El caso, el nombre propio, trasladado del caso policial al texto cultural, puede cargar a cuestas una pátina de fecha de vencimiento, dado el carácter de puerta giratoria incesante que suele tener la marea informativa cotidiana, en contraposición a las objetivas e inmutables lides de la estética. Así, el nombre “Agostina Vega”[i], en una visita cualquiera a esta página web, pasados unos buenos meses de la publicación de esta nota, producto del azar del algoritmo, probablemente haya permanecido solo en el recuerdo de la familia de la víctima, los que la quisieron bien y unos cuantos (ojalá) memoriosos. Pero la memoria puede tener un largo trabajo de sedimentación y su hermano el entendimiento puede no ser un alumno muy veloz; a ambos hay que ayudarlos, y en paralelo a la triste noticia del femicidio de la joven, quien esto escribe asistía a la relectura de The tale of one bad rat, el, sin dudas, clásico intocable del británico Bryan Talbot, que atiende cuestiones no muy lejanas a las que rodean al caso Vega.

Hablamos mucho en el mundo de la historieta de comic inglés, pero como producto de exportación: esto es, Alan Moore, Peter Milligan, Neil Gaiman, Jamie Delano y compañía, importados a partir de los 80’s primero por DC Comics y luego asentados en Vertigo la mayoría de ellos, pero no mucho más allá de esos nombres pesados, y menos aún de la producción historietística para la isla propiamente dicha. The tale… en verdad, no es excepción a esta costumbre, porque, como el grueso de las obras más conocidas de Talbot (su participación en Sandman, el anual realizado para Hellblazer), es producción estadounidense –Tale… fue editada por Dark Horse-, pero para el año de su realización, 1995, Talbot llevaba más de una década y media como profesional en el Reino Unido, y ya tenía una obra reconocida -de culto- en su haber: The Adventures of Luther Arkwright.
Y ya también tenía una identidad gráfica muy definida: una cruza entre el underground en el que se fogueó (ecos de Richard Corben por ahí, por ejemplo) y el hiperrealismo tan típico de la historieta británica (Brian Bolland, John Bolton, Arthur Ranson, o los legendarios Frank Bellamy, Jim Holdaway y David Wright, entre tantos otros), fraguada en un grafismo cuasi deudor del grabado y el aguafuerte. En The tale… se ve una pequeña variación de ese registro: se mantiene el hiperrealismo[ii], pero se simplifica mucho en términos de detalles y trabaja con mucha jerarquía de líneas. Así, los contornos de figuras y objetos poseen un grosor muy marcado, y las líneas interiores se trabajan con trazos marcadamente más finos.

Pero volvamos a los tópicos del primer párrafo. La miniserie de cuatro partes aborda un tema siempre espinoso, aun hoy que se lo aborda mucho más en público: el abuso infantil, y el consecuente trauma posterior. Talbot aborda la cuestión con sabiduría y temple, en términos positivos -sensibilidad, inteligencia, esta palabra tan manoseada: “empatía”- y negativos -nada de escabrosidad, golpes bajos o fatalismo-.
The tale… es la historia de Helen Potter, una adolescente fugitiva de su hogar, víctima de abuso sexual por parte de su padre y su vida escapando por los caminos, acompañada solo de su mascota que es…una rata. La vida por los caminos es una doble vía: la huida del abuso intrafamiliar[iii], pero también búsqueda del hogar de Beatrix Potter, autora inglesa de literatura para niños -existente en la vida real-, cuya obra es soporte, nuevamente y sepan disculpar, por partida doble. Por un lado, es marco meta ficcional para el propio comic[iv] y, por el otro, soporte, estructura, muleta, vía de escape para la razón de ser de Helen; objeto transicional, en definitiva, para el estrés postraumático del abuso.
El mencionado aplomo de Talbot para esquivar tanto banalidades excesivamente optimistas y facilistas de “relatos de resiliencia y superación”, como nihilismos berretas con personajes predestinados a pasarla mal, se trasunta en las peripecias en los caminos de Helen: literalmente a la buena de Dios, ello implica toparse con potenciales abusadores, aprovechadores de diversa índole, sí, así como también con gente bienintencionada, con mayores o menores limitaciones y capacidades para el entendimiento de la situación de una adolescente desamparada, víctima de abuso con impedimentos para nombrar su condición de tal.

La confrontación, careo, de Helen con su progenitor es clímax y cenit del relato, por su retrato psicológico del hombre (psicópata, negador, pero muy banal y poco maquiavélico/villanesco sin que eso le otorgue posibilidad de condescendencia alguna hacia su figura), pero también por el retrato visual que de él plasma Talbot. Allí se aprecia la excelente construcción gráfica del personaje -un rostro que es una máscara vacía, que a su vez vacía a Helen, claro-, de una expresividad apabullante que no abandona el hiperrealismo. Todo lo que nos llevó gráfica y narrativamente a ese momento del relato fue destacable: las locaciones plasmadas (tanto naturales como arquitectónicas), el trabajo de iluminación para cada escena, casi con una paleta distinta para cada una -con el propio Talbot como encargado del coloreado-, así como el fascinante ensamblado narrativo del inglés, con una concepción cuasi elástica de la temporalidad del relato, que lo lleva de ir de splash pages a páginas con nueve, diez u ¡once! viñetas y un “trabajo de cámara” dentro de ellas, de primeros planos por momentos asfixiantes y claustrofóbicos.
No hay comunicación límpida, nítida y lo realmente profundo de la experiencia humana a veces bordea lo intransferible. No por eso, muy por el contrario, los espacios de escucha[v] habilitan canales de salida para los necesitados y posibilidades de entendimiento para aquellos que no atravesaron esa clase de situaciones. The tale of one bad rat condensa toda esa potencia y verdad humanas, en una lectura maravillosamente escrita, contada y dibujada.

[i] Adolescente argentina asesinada, previamente abusada en mayo 2026, Córdoba, Argentina.
[ii] Y la expresividad, lo gestual: puede establecerse algún paralelismo con el arte de Kevin Maguire, en ese acercamiento de hiperrealismo que atiende una especial dedicación a la expresión facial, muy lejos del estatismo típicamente resultante de la referencia fotográfica a rajatabla.
[iii] Otro acierto de Talbot: la construcción psicológica de la madre de Helen, empecinada en negar el abuso. Es también con esa falta de escucha (y descrédito, no solo por parte del círculo familiar más estrecho e inmediato) como se perpetúan los abusos.
[iv] Pero es válido aclarar que no es necesario estar familiarizado con la vida/obra de Beatrix Potter para apreciar The tale…, aunque por supuesto, puede ayudar.
[v] La Educación Sexual Integral (ESI) en Argentina, descartada por los terraplanistas mentales tanto en la función pública como de a pie, rebajada a “adoctrinamiento y lavado de cerebro LGBT” (sic)

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