Comics: Así mataban, geografía del genocidio vol. 1 – ¿Cómo se le habla al desaparecido?

Por Gabriel Reymann

Pienso en Antígona, el drama de Sófocles de ¡441 a.C.!, y todo el periplo de la protagonista por poder dar una sepultura pertinente a los restos de su hermano. Pienso en las palabras del polémico Rodolfo Galimberti [i]: “(…) No, la tortura no es lo importante (sic), lo criminal que hicieron los marinos fue a asesinar a prisioneros indefensos (…) Fue absolutamente innecesario, producto del terror que ellos tenían”.
Son dos puntas no tan usuales para empezar a pensar alrededor del Proceso de Reorganización (¿qué?) Nacional (¿qué?), Argentina 1976-1983, que se lo ha pensado mucho, y se lo seguirá haciendo, pero como lo prueba la -tristísima- actualidad argentina, nunca es suficiente. Un buen aporte en la historieta referido al tema[ii] es el proyecto capitaneado por el guionista Héctor Bellagamba, junto a un grupo surtido de dibujantes en 2023, y lanzado por Editorial El 23: Así Mataban: Geografía del genocidio – La Plata, Berisso y Ensenada.

Gerardo Canelo

El título del volumen reza “volumen 1”, y, afortunadamente, por estos días se ha confirmado la próxima publicación del volumen 2. La elección de la zona de influencia no es arbitraria: en La Plata nace la CNU (Concentración Nacional Universitaria), suerte de comando paramilitar de extrema derecha previo a la Triple A, que, de hecho, terminará siendo absorbida por ella. Y ahí está el meollo de la cuestión, porque si bien el centro tonal indiscutible del libro es el Proceso y su violencia estatal, el tema de fondo para los autores son las continuidades represivas y de lesa humanidad (de obreros, de disidencias políticas, y políticas no partidarias), pre y post Dictadura.

Ezequiel Rosingana

El plantel de dibujantes que acompaña reúne un puñado de condiciones en común: todos hombres, todos ellos con bastante trayectoria a sus espaldas ya, y lo más importante de todo, todos ellos con un piso muy alto de solvencia visual y narrativa[iii].
La salva inicial la da el relato “Buen pibe, el rubio”, con los dibujos de Gerardo Canelo (¡nacido en 1940!), con una impronta de trazo muy dinámica y depurada (aires del recordado Walther Taborda, quizá) y un trabajo de secuenciación que da en el centro del blanco: plantado de página, sabio uso del planteo del silencio en las viñetas, matices de encuadres. La historia en sí carga las tintas sobre, ya saben, la banalidad del mal: la obediencia debida, los que ejecutaban las órdenes, que eran todavía más brutos, ignorantes y codiciosos que sus jerarcas, si es que tal cosa fuese posible. A este respecto, aconsejo visitar el texto de Osvaldo Lamborghini “Se equivocaban de departamento”, que dialoga perfectamente con esta historia e ilustra con precisión y ponzoña típicamente lamborghiana el caleidoscópico catálogo de escorias que constituía el Ser de los militares del Proceso.

Algo de esto se traslada a “Chaco”, otra de las historias más destacables del tomo, con dibujos de Enri Santana. Los “daños colaterales” y su mamushka de crueldad y estupidez -no excluidas la una de la otra, ¿de dónde me suena esto? – alumbran una síntesis extraña, suerte de Kafka meets los hermanos Coen; con nada de gracioso al respecto, desde ya. El dibujo de Santana -con dosis homeopáticas de influjo manga, muy dinámico y expresivo- dialoga de manera curiosa también, con lo brutal de los sucesos, sin llegar a producir una sensación de ironía o elemento fuera de lugar, vale decir.
Muy atinado en el enfoque del libro es, por un lado, apuntalar con testimonios y/o documentos intercalados entre relatos, y, por el otro, establecer que la cuestión con la última dictadura cívico-militar no pasaba por exterminar a la guerrilla: las mismas cúpulas militares no eran más que peones descartables del poder real económico, mano de obra muy barata que vino a hacer “lo que tenía que hacer”. La “lucha contra el marxismo/subversión”[iv]  y sus derivados, solo excusas para el disciplinamiento y domesticación de la expresión política de una generación, y eso excedía (por mucho) a la lucha armada, agrupando sindicalistas, estudiantes, curas y, especialmente, obreros[v]. Codo a codo junto al empresariado y los militares en la planificación y ejecución de la abyección, se hallaban las cúpulas de la Iglesia Católica argentina, y ahí está “Mal ejemplo”, (muy bien) ilustrada por Fabian Mezquita en un estilo sintético, realista y plástico al mismo tiempo.

Fabián Mezquita

Quizá las historias más fuertes sean justamente las que están apuntaladas por estilos gráficos más impactantes. A “La casa de los conejos”, le toca en gracia las aguadas del recientemente fallecido Marcelo Basile (que intercala sabiamente en las viñetas sellos del Ministerio de Seguridad en la narración de la “operación” que comanda Ramon Camps).
La otra carta fuerte, a todo nivel, es la que cierra el libro: “Miguel Bru”, con Edu Molina en dibujos. El estilo crudo, brecciano (y mc keeveresco, porque no) grabadístico del creador de Animal Urbano, calza como un guante en la reconstrucción del caso del joven desaparecido ya en democracia, en la ciudad de La Plata en 1993.
Como detrás de la desaparición forzada de una persona en particular, no puede haber plan sistemático de desaparición de personas, la copertenencia con el Proceso a la que tenemos que atender es otra. Es su herencia dentro del cuerpo de la Policía (Bonaerense encima, “la mejor del mundo”), como un hatajo de animales cebados por su ‘poder’ y su posterior impunidad, y, algo por lo que los influencers de la alt-right local no pueden balbucear respuesta alguna: el pacto de silencio.
Todos aquellos -ahorro epíteto- que discuten cifras de desaparecidos, para reducir la tortura a embarazadas, el secuestro de recién nacidos y el ocultamiento de su real identidad, el robo de propiedades (tan admiradores de la propiedad privada ellos, justo) y demás, a una cuestión numérica cuantitativa: el número a ciencia cierta no lo sabemos, porque un grupejo de pusilánimes, despreciativos de su Patria y de su pueblo, no puede tener siquiera un minimísimo resquicio de entereza para decir “yo hice esto, esto otro y aquello”, eligiendo llevarse el secreto a la tumba, o, en algún caso, al inodoro de una prisión.

Marcelo Basile

[i]  Galimberti, de Marcelo Larraquy y Roberto Caballero, 2011, Aguilar (hay ediciones posteriores corregidas y aumentadas, cito la que tengo en mi poder). Agrego el (sic) a la cita porque la tortura SÍ es importante.

[ii] Otras lecturas recomendables de historieta al respecto, ambas por Historieteca Editorial: La niña comunista y el niño guerrillero, de María Giuffra (ya escribí sobre ella acá) y ¿Qué querés ser cuando seas grande? (también escribí sobre ella para Bache, acá)

[iii] Probablemente a Sergio Ibañez y Ezequiel Rosingana no los hayan favorecido los efectos de grisados, pero son observaciones (muy) menores.

[iv] Marxismo, inflación, déficit fiscal. ¿Argentina 1976? No, ¡Argentina 2026!

[v] Estos últimos representan el 30% de los desaparecidos estimados. EL COSTO LABORAL MUY CARO.


Descubre más desde la vida en los pliegues

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Posted in

Deja un comentario