Por Gabriel Reymann
Conforme avanza el paso del tiempo en un género, medio o arte -esto es, sus hacedores toman distancia y ganan autoconciencia sobre las posibilidades de esos campos-, es probable que los límites de esas áreas en cuestión se puedan correr de maneras más heterodoxas, pero también que se pierda algo de frescura y espontaneidad en el camino. Albricias, pues Aventureros del aire, la historieta de Rodolfo Santullo -guion- y Pablo Burman -dibujo-, presentada primero en la web de Loco Rabia, y ahora con edición física en Argentina mediante Los Aspirantes, logra encontrar un preciado equilibrio entre los dos lados de la balanza.

Dentro de esa pugna entre caminos heterodoxos para el relato de aventuras, y vías más tradicionales, hay que decir que Aventureros… se encamina más claramente para lo segundo. Pero hay poco de trillado o vetusto en el guion, al mismo tiempo que elude la pretensión y las ínfulas de intelectualidad. Dicho eso del trabajo del guionista de Valizas, algo similar se puede decir del apartado gráfico a cargo de Burman: hay un riesgo, un desvío, que nunca desea, ni visual ni narrativamente, ponerse por encima del objetivo de contar una (muy) buena historia. Será un lugar común, pero igual no falla: es una buena señal que guionista y dibujante parezcan una sola persona al realizar una historieta.

Argumentalmente, Aventureros… es bastante sencilla, y se podría trazar una división en dos de su trama. La historia presenta a Barnier, la aviadora pelirroja protagonista, encargada de transportar mercaderías por el aire, cuyo contenido se desconoce; tarea asignada y remunerada por la alcaldesa Medeiros, quien regentea la fortaleza solo conocida como La Central. El parteaguas llega promediando la historieta, cuando se revela que contienen las misteriosas cajas, contenido que, por supuesto, no se va a revelar aquí. Esa primera parte tiene un espíritu muy alla Hugo Pratt: aventura pura, con un extra, sin volverse demasiado enunciativa. El extra en cuestión hace un vaivén entre cuestiones mundanas (el dinero, los negocios y la “ética”) y existenciales (el conformismo, la comodidad). La segunda mitad de la historia ya tiene un dilema ético/moral/filosófico, más cercano en espíritu a Las leyendas de Hoy de Pierre Christin y Enki Bilal [i]. Aventureros…, justamente como buena aventura, no escatima acción y enfrentamientos físicos, pero allí no está el foco de la cuestión.

Este es un trabajo definitivamente consagratorio para Pablo Burman; como Santullo, encuentra un buen balance de distintos elementos en su labor -en el caso de Burman lo narrativo y visual-, pero el resultado entra por los ojos, nunca mejor dicho. Aventureros… es un trabajo digital (en su mayor parte, al menos) que no se queda en la mera imitación de texturas analógicas, ni resulta un pastiche frío, desalmado, y está presentado en su mayoría con viñetas “widescreen” (horizontales, alargadas), que a veces se vuelven oblicuas, y en otras se ven intercaladas con páginas completas. Visualmente, lo primero que salta a la vista de la obra es la vibrante -pero no chillona- y amplia paleta cromática: amarillos, naranjas, azules, celestes -claro-, pero también verdes y no pocas tonalidades pasteles, todo ello conviviendo en complementariedad, generalmente. El grafismo es muy marcado -símil al trazo de una birome-, con la gestualidad y espontaneidad del dibujo a mano alzada, pero también desaparece el contorno no pocas veces, a la manera de las artes plásticas. Espontaneidad del dibujo, códigos pictóricos, le sumo bidimensionalidad… ¿alguien dijo Bill Sienkiewicz? Algo de eso (y de su abuelo no-sanguíneo Gustav Klimt) hay, así como también del italiano Lorenzo Mattotti, otro que le buscó vueltas de tuerca al género de aventura.

En verdad no importa mucho si Aventureros… tiene dejos temáticos del existencialismo francés, o si su impronta cromática lo acerca de alguna manera al espíritu de los pintores nabis, porque en su desarrollo -y resultado final- el comic logra hábilmente correrse de cualquier supuesta dicotomía de alta/baja cultura. No posee pretensiones de novela gráfica -pero es mucho más profunda que muchas de ellas que proliferan en el mercado-, y no resigna usar códigos específicos del medio, como las onomatopeyas para los disparos de rifles; que hacen el mismo sonido que los rifles de Hugo Pratt.

[i] pienso puntualmente en El crucero de los olvidados y, sobre todo, La ciudad que nunca existió. También pienso en una película europea, emblemática de los 80’s, pero nombrarla podría funcionar como un finísimo spoiler, pero spoiler al fin.

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