a Ramiro Quintana
La muerte dice siempre el nombre de un secreto,
puesto que firma la singularidad irremplazable.
Jacques Derrida
I
La octava parte de tu mirada
no es perversa: es de vidrio.
Lo mismo si quisiéramos
el encendido de un calefón
en el momento en que deciden
jugarnos una broma pesada
(por ejemplo: abrir la ducha
en la canilla caliente
y entonces todo enloquece
después del chispazo
de metilpropano
que no causa gracia
y nos vuela la cara.)
II
La sangre y la muerte
no parecen hermanas solidarias;
y sin embargo surgen un día
tomadas de su única mano
y retiran de hecho sus delegaciones.
Nos envían a un sitio
para que no digamos nada.
III Te repito aquello
de que la muerte
dice siempre el nombre
de un secreto, aunque
ese dato no es tal y tiene
una palabra asignada
para cada uno de nosotros.
No vale la pena dormirse
porque ninguna cosa que
estás imaginando colma
tus expectativas. Pensá
en algo que se consigue
sólo con el insomnio
y la curiosidad.
Publicado originalmente en «Hotel Babel» (2011)

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