Música: Seis de proto-black metal involuntario

Univers Zero

Por Gabriel Reymann

Las cosas adquieren existencia al ser designadas. Y quizá también a veces estén flotando en el éter, hasta que encuentran ese nombre. En esta selección de piezas musicales -porque, al menos un par, no son exactamente “canciones”-, se hallan elementos (como el trémolo en la guitarra, feedback, trabajo percusivo, o meramente creación de atmósferas musicales similares) que predicen -sin desearlo, claro- muchos de los modismos de la primera (y segunda) ola de black metal aparecida en Europa en la segunda mitad de los 80’s. Como la lista es de música previa a la aparición de esas escenas, quedan afuera ejemplos más que pertinentes como Ministry o Scott Walker.

Magma – “Köhntarkösz” parte 2 (1974, Köhntarkösz): 16 minutos para la segunda parte del ciclo: tras un primer tercio de tentativa de pies en la orilla dominado por los teclados, la percusión toma prominencia y entra todo el ensamble. Es un ataque a dos bandas: las teclas despegan con un solo furioso en ejecución y en un espectro tímbrico ruidoso, cercano a las excursiones de Hugh Banton en Van der Graaf Generator, mientras bajo, batería y coro se cierran en una célula rítmica de veras frenética. Los coros de Stella Vander, entre fraseos de Basquiz y gritos de su marido Christian, empuja cual parturienta del Averno: hola Rosemary. El crescendo de intensidad desemboca en cantos mitad gregorianos, mitad tibetanos.

The Residents – “Satisfaction” (1976, The third Reich ‘n roll): toda esta cuestión en el inconsciente colectivo (uh?) de los payasos peligrosos/homicidas puede encontrar su validación definitiva en el cover de los Stones por parte de los cuatro anónimos. Entre las voces gritadas y las guitarras-piraña a cargo de Snakefinger -ni hablemos de su solo- se redondean 4:30 minutos de guerra total que prefiguran -sobre todo en esas guitarras multiformes- mucho del horror excesivamente alucinado de los franceses Blut Aus Nord.

Suicide – “Frankie teardrop” (1977, Suicide): por supuesto que la tracción de latido insistente de la batería electrónica de Martin Rev ya le alcanzaba a este tema para ser linkeado con el black metal hecho y derecho -Darkthrone en Panzerfaust, por ejemplo-, pero es la performance vocal de Alan Vega la que lo manda derecho a las listas de los 100 temas más locos/raros/disruptivos que tenés que escuchar. En medio de sus típicos murmullos genevincentescos, Vega encaja unos gritos que sorprenden así uno haya escuchado decenas de veces el tema en su vida. Como dato de color, la canción forma parte de la banda sonora de una de las mejores y -sí- más difíciles películas de Rainer Fassbinder, A year with 13 moons.

Univers Zero – “La faulx” (1979, Heresie): casi casi el eslabón perdido entre las experiencias más horroristas de la música académica contemporánea del siglo XX y las excursiones más ambientales del black metal post Burzum (en especial estadounidense), o Shostakovich ambienta la Peste Negra. La tensión tonal, la (muy) lograda amalgama tímbrica entre instrumentos eléctricos y acústicos, la dinámica -de ritmos, melodías e inclusive moods dentro de la ominosidad generalizada- y los recitados semi-guturales están perfectamente dirigidos y puntuados por la batería del líder de la banda, Daniel Denis, en una suerte de espejo con la faena de Stella Vander en la pieza de Magma. Que la banda tuviera una estética fotográfica digna de una película soviética de ciencia ficción de los 80’s no hace más que agrandar el combo.

Bauhaus – “Dark entries” (1980, In the flat field): si bien su puesta en escena no tiene nada que ver con el metal -sí con la aceleración del punk- la elección del clásico gótico se debe no tanto al frenesí de la base rítmica o la performance vocal de Peter Murphy sino al envase y el contenido de la tarea guitarrística de Daniel Ash. Tono de navaja, riff de tremolo y final de esquirlas de sonido, apenas algunas de las armas del arsenal del futuro Love and Rockets.

The Birthday Party – “Big-Jesus-Trash-Can” (1982, Junkyard): la flota autodestructiva comandada por Nick Cave tenía un plus de agresividad divergente tanto del punk como del metal, y para su segundo disco lo trasladan hacia un terreno de lo ya efectivamente kamikaze. La estructura de la canción está guiada por el riff de saxo diabólico alla King Crimson ’69 ejecutado por Mick Harvey, llevada a otro nivel por los graznidos de Cave -esto último constante de buena parte del disco-. La excepción confirma la regla: aquí sí no hay duda de influencia directa en el black metal, dado que Attila Csihar de Mayhem ha declarado haber visto en vivo shows de Birthday Party.


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