Por Gabriel Reymann
Si el prólogo a una obra habitualmente está pensado para funcionar como introducción a esta, el que realizó Carlos Saura para la edición en libro en 1980 de Mara, por parte de Editorial Nueva Frontera, es introducción y también sinécdoque de la historieta realizada por Enric Sió Guardiola (1942-1998). Sea esto, tanto por el retrato que hace el director de Cría cuervos… de cierto espíritu de época -esbozando las apetencias estético-culturales de cierta progresía española con la cual, se codeaban o pertenecían, el propio Saura como Sió, abarcando desde las preferencias mobiliarias a la revalorización de la historieta como “arte serio”-; como por el foco en el modus operandi del autor catalán, habituado a trabajar con un amplio archivo de referencias visuales y ampliadora fotográfica, modo de trabajo sin el cual es difícil empezar a explicar la estética de Sió.

Porque los avances de la técnica de una época habilitan nuevos -o distintos- medios de expresión, y en ese sentido, Sió habló el lenguaje de su época en el esplendor de su actividad, esto es, los 60’s y 70’s. Un lenguaje de época que puede aglutinar lo estrictamente visual, como el lenguaje publicitario, las nuevas olas cinematográficas a nivel mundial, la fotografía en general y la solarización en particular, o la recuperación de la recuperación que, en primera instancia, había hecho el Pop Art de las unidades visuales historietísticas; y en lo extra-estético, el psicoanálisis y la semiótica vía el posestructuralismo, la segunda ola feminista y, at last but not least, la lenta y extensa descomposición del régimen franquista.

Enric Sió en su estudio
Este lenguaje artístico de época que dominaba como pocos Sió, basado en iguales medidas en la referencia fotográfica como en el modelo vivo, pasó a ser algo vilipendiado pasados los 70’s*, ya por obsoleto, ya sea por dependiente en exceso de la referencia previa. La perspectiva del largo tiempo pasado, tanto por hechos previos (la funcionalísima frase de Wallace Wood “no dibujes lo que podés copiar, no copies lo que podés calcar, no calques lo que podés cortar y pegar”), como por hechos futuros -nuestro presente de viñetas con fondos de fotografías retocadas, gradientes siliconados de color con Photoshop, amén de la IA-, pone dentro de comillas buena parte de las objeciones de autenticidad o espontaneidad que se le hacían a este estilo visual historietístico. Pero estilo historietístico precisamente comprende tanto lo visual como su organización, o sea el cómo, y aun antes de eso está el qué.

Al “qué” Carlos Saura lo define como una cruza entre Viridiana de Luis Buñuel (puede ser, sí) y Freaks de Tod Browning (ok, por qué no), pero el español ya no puede contestarme, así que le voy a discutir: Viridiana más otra de Buñuel, El ángel exterminador. Como en El ángel…, en Mara hay una burguesía (puntualmente familia, en el caso del comic) atrapada en una prisión cerrada desde adentro; en la historieta, el grupo familiar está constituido por la protagonista adolescente que da nombre a la historia, dos niños y la abuela matriarca. En ese cautiverio sí se adentran los amantes de Mara, uno de los cuales pertenece a la comunidad que no entra a la residencia, pero asoma como otredad amenazante: la troupe de circo, la chusma (amén de las amenazas ya internas, psicopateadas y juegos de dominación dentro del propio grupo familiar). Más allá del paralelismo reforzado en más de un momento por el autor (la matrona decadente = Francisco Franco en sus estertores, Mara tiene fecha de realización a lo largo de casi toda la década del ‘70), hubo en Sió una voluntad de, se podría decir, pensar la identidad nacional española, su pasado -sus cruces en un cementerio, sobre todo-, y su destino.

El “cómo” es un conjunto muy atractivo. El autor de Aghardi no tenía intención alguna en quedarse en una estética hiperrealista lineal, y arribaba a una suerte de sincretismo, otra vez más, que pareciera ser de época. En él convivían cierta influencia del blanco y negro de alto contraste y las imágenes seriadas con variaciones*** de Alberto Breccia -cuyos Mort Cinder y Eternauta versión revista Gente le cambiaron la percepción visual a toda una generación de artistas españoles-, las texturas fantasmagóricas de pincel seco y raspados de Dino Battaglia, grafito directo alternando con las masas de tinta negra, y el ¿inevitable? toque modernista/Art Nouveau catalán. Como el voyeur italiano de la época, Guido Crepax -que dibuja un par de páginas de Mara al final del álbum-, el español se lanzaba a grandes aventuras narrativas, con más éxitos que fracasos, que constituyen uno de los atractivos más atemporales de Mara. Como el milanés, Sió gustaba de utilizar narrativamente el montaje analítico -la descomposición espacial de una escena en términos temporales simultáneos-, e inclusive iba un poco más allá en algunas cuestiones, como su eliminación del clutter****, y, en especial, su notable utilización de las elipsis, transiciones de escenas y cortes en los finales de las historias, facilitando el desconcierto, sin pasarse de hermético.

A partir de la década del ‘50 empezaron a florecer en Europa los estudios de música electroacústica, como el Groupe de Recherches Musicales en Francia, el Studio di Fonologia Musicale di Radio Milano en Italia, el WDR en Alemania, o el mismo BBC Radiophonic Workshop en Inglaterra. Estas bibliotecas sonoras funcionaban tanto como archivo documental, así como laboratorios para exploraciones. En ese espíritu de trabajo hay un terreno en común con la labor basada en archivos de Enric Sió; un lugar de acopio y recopilación sensorial, que sirva como punto de partida para empezar a fundir la percepción visual -e integral- de su mirada.

*Francois Margerin en Metal Hurlant:

**(¿y “Casa tomada”, de Cortázar, quizá?)
***esto no es solo Breccia, sino también el ya mencionado Pop Art.
****la zanja blanca entre viñetas, para muchos el lugar en el que verdaderamente ocurre la historieta. Cabe aclarar que en el arte de Sió las viñetas siguen estando delimitadas, solo desaparece -y no siempre- el salto blanco entre ellas.

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