Por Gabriel Reymann
Nivel commodities: ahí al lado de la soja, el trigo y los jugadores de fulbo, están los dibujantes de historieta argentina. Y en medio de ese torrente de potencial creativo for export, hay enormes talentos que quedan ahí, un poquito por debajo del radar de la atención del gran público en base a sus merecimientos/capacidades*. Es el caso de Alberto Saichann, a quien Loco Rabia volvió a poner en carrera con el libro que lleva como título el apellido del autor, reimpresión en 2024 de un libro ya editado en 2012 y descatalogado.

Saichann reúne tres bloques de historietas, todas ellas publicadas entre la segunda mitad de los ochentas y la primera mitad de los noventas, en revistas (Fierro/Skorpio/Nippur Magnum) y editoriales distintas, y con padres distintos: no se repite guionista de un bloque a otro. Ante esta disparidad de líneas editoriales e intérpretes solo podría esperarse un hilo conductor a través del dibujante, único denominador común; si bien no es necesariamente el tema principal de cada una, la (ultra)violencia -y su exhibición- es un fantasma que recorre a todas ellas.

La salva inicial corresponde a la de publicación original más reciente, La Flor, historia de cuatro episodios con fecha de aparición original en 1994, en la revista Nippur Magnum de Editorial Columba, con guion de Ricardo Ferrari**. La flor es tan autoral y redonda, que podría, ay, ser una película casi. Ambientada durante la guerra de Vietnam, con dos protagonistas simétricos de cada bando -soldado yanqui, guerrillero del Vietcong-, el contexto histórico no tiene un peso menor dentro del argumento, pero no es el centro de la cuestión. Con algo de western por ahí (cuasi-carencia de ley, hombres encontrando su destino por medio del enfrentamiento), el nombre de la historia proviene de la prostituta vietnamita por cuya conquista y asimilación -no amor, ojo, ni objeto machista de disputa siquiera- se enfrentan ambos combatientes. La fémina protagonista es una víctima(ria) propiciatoria: una droga demasiado poderosa a la cual los soldados no pueden no volver, pese a su potencia desintegradora, un abismo que devuelve la mirada con creces. La Flor también es tango, fado, o blues: es una historia más agria que amarga y está también en ella el dolor de ya no ser. En lo referido al arte de Saichann se puede decir que si bien se juega a un blanco y negro de alto contraste e impacto (alla tradición post-Breccia, e inclusive Pratt y José Muñoz), no deja de ser barroco, realista y hasta caricaturesco al mismo tiempo***. La planificación de página es un auténtico trabajo de relojería, con una notable variedad de encuadres.

Sigue en el libro la que en orden cronológico sería la historia del medio: Bacteria, aparecida en la revista Skorpio en 1990, con guion del recordado Eduardo Mazzitelli, nada menos. Bacteria es una clásica historia fantástica de distopía: un mundo de aburrimiento programado parte Un mundo feliz, parte 1984 (más del primero, la verdad), alguito de The Minority Report por ahí, un airecito a Invasión de Hugo Santiago, y una anticipación por pocos años a Matrix. El mundo descripto muestra un escenario en el cual todas las actividades de los seres humanos están programadas en función de la supresión del azar y, como si eso fuese consecuencia directa, las guerras, el delito y la violencia; justamente por la casualidad misma, el protagonista rompe con la programación de su vida y pasa a ser un descastado perseguido por las autoridades, adaptándose a una realidad totalmente nueva. Como en Invasión, hay una estructura mayor de resistencia que acoge a nuestro muchachito, así como también un giro inesperado -y muy atinado- en el final. Sin dejar de ser el mismo artista, aquí Saichann sorprende con otra impronta visual, más cercano al óxido ochentero (Moebius, Juan Giménez, Bilal), que en verdad podríamos sintetizar como “Lucho Olivera meets Roger Rabbit”, porque mezcla esas texturas herrumbrosas post-apocalípticas con un registro de dibujo animado; ese último estilo es reservado para los objetos (que, como en la película del conejo, están vivos), y todo el escenario de la historia (a través de los objetos nuevamente, pero también de grafitis en locaciones) funciona como una burla o parodia, que inserta comentarios sobre ese mundo o dialoga con él (versión más lúdica de la práctica que realizaba el mentado Muñoz en varias de sus historias, también).

Cierra el libro la serie de historias cortas Bronx, la de primera aparición cronológica (1987, en la revista Fierro de Ediciones de la Urraca), ahora sí con guion del propio Saichann. En estos unitarios hay tramas mecánicas, cierto parentesco visual con Gustavo Trigo, pero una personalidad estética bastante asentada ya: no tanto claroscuro ni detalle como en las historias previas del tomo, sí una atención especial al detalle textural y la expresividad/gestualidad de los caracteres. Aquí no hay personajes ni tramas que pasen de una historia a otra, lo único que conecta es la locación del bravo barrio neoyorquino. Bueno, eso y la carencia de heroísmo o redención por parte de los protagonistas, la imposibilidad de finales felices -lo que empieza mal termina peor/finales irónicos, “ni el tiro del final te va a salir” – y esa nube que flota sobre la ciudad (y la mente de los protagonistas) de cúmulo de frustraciones, impotencia y deseos mal (o ni) realizados. Es un espíritu de época similar al Ranxerox de Tamburini-Liberatore (algunas coordenadas: la tensión político-nuclear, la música, las sustancias), que treinta años después se puede leer de como exagerado…hasta ahí nomás: la geo(micro)política mundial de los ‘20s habla por sí sola. Veremos hoy a qué artistas (y cómo) en Argentina les tocará (elegirán) dar testimonio del delirio negacionista terraplanista mundial, que no se limita a cuestiones sobre la forma del globo terráqueo, desde ya.
*pero siempre hay tiempo para dar vuelta el resultado: vía la editorial GComics acaba de salir también un libro de entrevistas a Saichann realizadas por Diego Arandojo.
**otra figura puesta en valor con toda justicia recientemente por el mercado editorial: en 2024 la editorial Puro Comic recopiló su Julio Cesar junto a Eduardo Risso, también realizada para Editorial Columba, pero a fines de los 80’s.
***herederos posibles de Saichann: la tropa de Cazador, y Ariel Olivetti en particular (Saichann publicó de hecho en Cazador Comix, el lanzamiento de espíritu underground de fines de los 90’s que pusieron en la calle Jorge Lucas y compañía)


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