Comics: Pampa – Roña criolla

Por Gabriel Reymann

Esta sí que es Argentina: la que, por sus propias turbulencias económicas -eufemismo para el eterno retorno de garcas, endeudadores y saqueadores-, propicia el laburo for export de sus historietistas -no solo ellos, pero concentrémonos en eso-, pero que al mismo tiempo genera una reserva petrolífera de comics en la cual excavar a posteriori. La génesis de Pampa, de Jorge Zentner y Carlos Nine, data de más de veinte años atrás, pero su primera edición en el país de sus autores, ocurre en 2025, a través de Loco Rabia.

El reencuentro de los dos autores[1] fue propiciado por el gran Miguelanxo Prado  en un festival de historietas realizado en La Coruña en 2002. Encuentro literal en esa ocasión, porque La adelantada… fue producto del contacto cara a cara entre los autores (inclusive pre-Internet, muchos colaboradores de historieta podían no conocerse personalmente), y del descubrimiento del interés común en trabajar en una historia sobre la pampa argentina[2], y en especial sobre el gauchaje y su convivencia con los malones aborígenes en el siglo XIX.

Hay quien dice que no hay temas nuevos para relatar, sino, en el mejor de los casos, variaciones de los temas primigenios; es, de alguna manera, el caso de Pampa.
La historia trata de dos tramas en paralelo y no tanto: por un lado, dos hermanos, Zenón y Cirilo Parra, con problemas de polleras, una cierta dinámica de Caín y Abel entre ellos, y un pecado original paterno -ok, maldición- que expiar.
Del otro lado, está Bartolomé, un guacho -literal, es un huérfano- peregrino lanzado a dejar atrás al padre que lo crió, o sea volverse él Padre, con las debidas disculpas a Lacan.

Hay allí disponible una potencia y potencialidad interesantes, una sustancia que, por ya transitada, no se convierte en obsoleta. Pero hay también un como muy atractivo en la presentación: Pampa es, a su manera, un gran poema épico. Si pensamos en poema + gauchos, el resultado de la ecuación podría dar Martín Fierro, pero no es el caso: puede que el espíritu metafísico del guion de Zentner esté más cerca de T.S. Eliot que de José Hernández. El texto tiene leitmotiv recurrentes que puntúan y ritman a la manera de un poema (el favorito de quien escribe: “Pachamama […] último puerto de los huesos”), y el propio Nine, desde el plantado narrativo, también aporta un fraseo visual/rítmico del relato.

Nine, Carlos Nine (1944-2016), qué tesoro artístico que nos ha dejado la Argentina del siglo XX para la posteridad, o al menos hasta que se hundan los continentes.
Alma de caricaturista, profesión noble si las hay, pero con un viraje hacia lo plástico, como no se haya visto en la historieta mundial, y vaya a saber uno, si por fuera del ámbito del comic se haya visto tampoco. Y ese plus plástico, en Pampa se luce como nunca: ecos maravillosos -con fuerza propia, ojo- se ven de Edvard Munch, Edgar Degas, Henri Toulouse Lautrec, entre los que se puedan apuntar rápidamente -no duden que son muchos más-.
Es una obra del creador de Keko el Mago que muestra una gran soltura en lo gestual del trazo, que, dicho sea de paso, se construye tan frenéticamente en lo cromático, que se termina disolviendo en una tensión paradójicamente armónica[3]. Lógicamente, al tratarse de una historia situada en el campo, la paleta se maneja mayormente dentro de una gama de marrones (y ocres, y ámbares) y variedades terrosas.[4]

Zenón musita “hacemos lo que podemos, es el destino”. Y allí en los tres actos de Pampa se explayan universales varios -la culpa, lo cíclico, el carácter imparable de las fuerzas de la Naturaleza-, dentro de una idiosincrasia local muy marcado -lo mítico, lo irracional, en el buen sentido, de las leyendas populares, la tracción de lo simbólico, lo cíclico, pero de las inequidades-.
Si había alguien indicado en 2002 para trasladar esas mismas tensiones y diálogos a la representación gráfica de Pampa, era Carlos Nine con su acervo de Bellas Artes, y también de Calé: la pretensión y la Ilustración europeas, y la picaresca rioplatense.  No lo debe haber buscado programáticamente con su obra, pero en esa síntesis estilística logró decir mucho de su nación.

[1] el primer encuentro historietístico se había dado en 1992, dentro de la colección Relatos del Nuevo Mundo, dedicada a, ejem, celebrar los 500 años de la llegada de los españoles a América, con el volumen La adelantada de los mares del Sur. Ojalá alguien se digne a traerlo de vuelta (ya que Hotel de las Ideas trae el Lope de Aguirre de Albiac-Alberto Breccia de la misma colección), porque es un trabajo notable de Carlos Nine.

[2] Jorge Zentner es argentino: el guionista y escritor vivió más de la mitad de su vida en España (es un exiliado de la última dictadura cívico-militar), pero conserva la nacionalidad argentina.

[3] otra coordenada/punto de referencia es otro colaborador de Zentner: el tano Lorenzo Mattotti.

[4] impecable la factura técnica de la edición del libro: se aprecia la rugosidad -incluida la marca- de las hojas que Nine utilizara como papel soporte del original.


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