Comics: La Calorosa/Satén Rosa Rosa – Deseo que me desees

Por Gabriel Reymann

La cámara enfoca: cambios en el rol social de la mujer a lo largo de, pongamos, el siglo XX y el XXI. Hace zoom: las mutaciones en ese mismo período, pero del rol de la mujer en la historieta. Y vuelve a hacer zoom: el rol de la mujer en el período citado, pero en la historieta erótica (o porno). Parece abrupto, pero de eso no tiene nada: de esa ensalada de roles pasivos, denigratorios, o directamente inexistentes aun dentro de esos marcos, fuimos pasando a otro tipo de protagonismo (y representación). De eso dan cuenta -conscientemente-, cada uno a su manera, La calorosa (varios autores, Argentina 2023, editada por Loco Rabia) y Satén Rosa Rosa de Paula Boffo a.k.a. Sukermercado (Argentina 2024, editada por Editorial Deriva).

La antología La calorosa es decididamente autoconsciente al punto de lo cuasi-programático: compuesta por autoras y autores* mayormente sub-40, acá el propósito es desbloquear preconceptos, tabúes sobre lo que les calienta a esos creadores, a través del propio acto de dibujar como actividad fetichista, erótica. La supervisión de todo está a cargo de la comprensión del consentimiento y el respeto entre las partes, o sea que sí, hablamos de porno deconstruido.

Si lo que mueve es el deseo, y esa máxima se interpreta literal en historieta, no hay que buscar en gran medida en La calorosa, historias con una narrativa lineal, o con un significado subrayado; lo contado parece más estar en función de una pulsión por primero dibujar cierto tema imaginado, más que en función de una estructura clásica de desarrollo de tramas. Tampoco es el lugar para encontrar historieta porno con lo que llamaríamos físicos hegemónicos (como lo que veíamos en referentes de la historieta porno claramente destinada al varón hetero como Serpieri, Manara, o el propio Solano López): aquí hay físicos para nada escultóricos, más bien cotidianos (apropiadamente, una de las historias de Mariana Ruiz Johnson se llama “Doméstico”, sobre el placer sexual y espontáneo de una pareja).

Entre diversos fetiches (“Sin nombre” de Ailín Kirjner, sobre los pies), placeres del autodescubrimiento o fantasías sobre la posesión del Otro, paradójicamente, una de las historias más interesantes del libro es una de las que sí da más espacio a lo racional y articulado. “Las delicias”, de la ya mencionada Ruiz Johnson, parte de la base de la relación personal de la autora con la pintura “El jardín de las delicias” de Hieronymus Bosch, para girar sobre una idea mucho más, porque no, poética del erotismo, como sinónimo de voluptuosidad y desborde de un cauce sensual; sensual a su vez como sinónimo de sensorial.

Momento de pasar a la otra antología, ejército de una sola persona: Satén Rosa Rosa y su autoría le pertenecen en su totalidad a Paula Boffo. Es un compendio de historias realizadas para diversas publicaciones entre 2016 y 2024, y según la propia autora, no deja de ser un desplazamiento por los cambios sobre su concepción sobre la sexualidad; eso no tiene que ver necesariamente con lo autobiográfico o la auto ficción.

Si La calorosa proponía un juego abierto (aun, mayormente, dentro del terreno de la heterosexualidad), Satén… mantiene a lo kinky y el fetiche como factores de peso, pero abre el foco a cuestiones más amplias. Mujeres y varones trans, mujeres cis con pelos en las piernas, bdsm como práctica delimitada y consentida, y, en particular, la cuestión de (la inversión o expansión de) los roles. El falo disputado, encarnado en el strap on**, es un emergente preciso de esta concepción de la sexualidad, en la cual, lo simbólico, marca fuertemente el terreno de juego.

En el terreno de la identidad visual, se aprecian el paso de los ocho años de realización, aunque también resulta claro que sigue siendo la misma persona detrás del hacer de esas historias. En ese terreno común, hay una estética clara e inicialmente deudora del manga -que no se queda en la imitación más llana-, manifestada especialmente en códigos específicos (el rubor en los rostros, por ejemplo) y la agilidad narrativa del comic nipón. Transversal es también, a todo el libro y sea a través de la técnica digital o artesanal, un concepto cromático muy idiosincrático por parte de Boffo, pletórico de colores vívidos y estridentes que conviven en armonía (púrpuras y, casualmente o no, rosas, son tonalidades recurrentes).

¿Y qué pasa en las historias? El standard de sexualidad masculina -como comportamiento patriarcal en general, así como de lo anal como “tabú” en particular- es objeto de aguijoneo constante. Dicho sea, todo: con humor y, por momentos, también de manera algo esquemática*** (hay un único hombre en todo el libro que catalogaríamos como 100% “clásicamente” hetero, y es el carácter más despreciable de todo el tomo por lejos). Volviendo al strap on, hay una (muy útil y divertida) historia literalmente didáctica de ocho páginas sobre los distintos tipos de ese implemento y como usarlo.

No debe ser casualidad que, en las dos historias más extensas del libro, se encuentren los aciertos más marcados. “Fabulosa el Dorado”, la mejor del volumen, con trece páginas, prioriza una tensión dramática fina y sutil, con silencios sugestivos, un dibujo y un color personalísimos, y un espíritu almodovariano, pero no piensen en exceso de azúcares, sino en algo como La ley del deseo (ok, también había azúcares en esa película). Por otro lado, “Si mojas me enciendo”, con cuarenta y cuatro páginas con mucho sexo -y promiscuo, como descripción, no juicio de valor-, deja ver que, las cuestiones de fondo, de este lado o aquel lado de la heteronormativa, o más allá, siguen siendo el temor, la incomunicación, la inseguridad y el no poder encontrarse con el Otro.

*no hay lenguaje inclusivo en este texto: ningún problema ni con su existencia ni uso, solo la elección de una opción de escritura que me sale más naturalmente.

**cinturonga, en criollo. Pero supongo que ya lo sabían, ¿verdad?

***algo de esto había también en Santa Sombra, la obra de Boffo más emblemática hasta el momento. Pero tanto en Satén… como en Santa… parecería haber, al mismo tiempo, una suerte de autoconciencia autoral de esa esquematización.


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