Comics: Pulp – Tu antiguo camino envejece muy rápido

Por Gabriel Reymann

La existencia, la vida humana, están completamente desfasadas de escala respecto a los ciclos históricos -historia con H, bah-: hacemos lo que podemos al respecto para encajar las piezas a ese respecto y tener algún tipo de perspectiva. Al protagonista de Pulp, Max Winters le toca en suerte atravesar la tercera edad en medio de la Segunda Guerra Mundial, con el agregado de una mala temporada laboral y los achaques del cuerpo, para mayor cruz.

Lanzada a través de Image en 2020, editada en Argentina por Hotel de las Ideas en 2024, Pulp es obra de un tándem, a esta altura, de larga data -e importancia- en el comic estadounidense: Ed Brubaker-Sean Phillips (Fatale, Kill or be Killed, Criminal), duchos en transitar tanto las grandes editoriales y los trabajos por encargo, como las independientes y los trabajos más autorales. De ese último lote, Pulp es un muy interesante exponente.

El mencionado Winters es un escritor de, justamente, novelas de pulps en la New York de 1939; al declive mundial, se le suman una salud cardio complicada y los conflictos laborales -léase ser desplazado, por decisión de la empresa, por empleados más jóvenes y baratos-. Este presente hostil va y viene en el relato junto con flashbacks de un pasado también violento y hostil, pero de cowboy (materia prima de esos relatos de pulps), aunque algo idealizado por las mieles de la juventud, y, sobre todo, la siempre efectiva operación de alisado que aplican en conjunto la distancia temporal y la traicionera memoria. Promediando la (relativamente breve, 70 páginas) historia, ese pasado que es un celoso secreto guardado por Winters y solo es conocido para el lector, será usado como motivo de extorsión por una figura del pasado que entra en escena -que también irrumpe providencialmente-, y lleva la trama para otro lado, que, para resguardarse del spoiler, no será develado aquí.

Brubaker realiza una doble pinza muy efectiva en su trabajo de guionista en Pulp. Están el zigzagueo de tramas -sin llegar a ser plot twists- y escamoteo de la información al lector; o, mejor dicho, darle solo los datos estrictamente necesarios en el momento correcto. Esta sabia y saludable manipulación exhibe una gimnasia, digámoslo, poco habitual en el mundo de la historieta (y más allá de ese mundo puede que también) en estos días. Por el otro lado, el espíritu que insufla vida a ese cuerpo, es una tematización sensible y poco trillada de temas atemporales: justamente, los ciclos vitales individuales perdidos en la gran magnitud de los ciclos de época y sus cambios, la decrepitud, lo relativo del libre albedrío y -casi- todas las decisiones que se pueden tomar en la vida, y, el real núcleo de Pulp, la violencia. El humano predador de otros humanos, como una manera de estar en el mundo, y la agresión como un círculo que, tarde o temprano, va a generar su propio billete de vuelto.

Sean Phillips en el dibujo y su hijo Jacob en el color, acompañan el guion con la elegancia justa para destacar sin opacar la labor argumental. El padre exhibe su estilo realista y sucinto, con expresivas masas de negros en los volúmenes que golpean en los momentos precisos, todo ello dentro de una narrativa ágil, habitualmente dentro de un marco de cuatro a seis viñetas por páginas. Jacob completa la faena cromática con mucha gracia: para la acción sita en 1939, dispone una gama de marrones, grises, verdes y rojos -y un extra para cuando la acción lo requiera-, y para las escenas del Lejano Oeste, usa un engamado de rojos, anaranjados y negros con una atinadísima y homeopática dosis de texturas digitales.

Hagan sus apuestas: a Garth Ennis le hubiera encantado escribir esta historia. Por el Far West, claro, pero también la ley de la ferocidad, que atraviesa toda la historia. Brubaker y los Phillips dan carnadura de papel a los heroísmos, flaquezas, temores, fantasmas y arrepentimientos de un ser humano -que es él y varios, obvio- a lo largo de su vida entera.


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