Música: Sellos discográficos – SST Records

Por Gabriel Reymann

Nuestro sello puede ser tu vida. Por prepotencia de trabajo, SST Records, fundado en 1978 por Greg Ginn, guitarrista de Black Flag -para poder justamente editar la música de su grupo-, se convirtió en uno de los sellos independientes de los 80’s -probablemente el sello independiente de esa década-. Es casi un lugar común, pero no por eso menos veraz: SST refleja como pocas compañías disqueras la transición del hardcore/punk estadounidense de comienzos de los 80’s, a otros sonidos mucho más eclécticos, que, sin abandonar esas raíces punks, prefiguran la explosión alternativa de los 90’s (o la explotación corporativa de ciertas escenas por parte de los sellos grandes, quizá).

Minutemen

Semillero también: en mayor o menor medida, grupos que formaron parte del catálogo terminaron teniendo algún tipo de éxito (comercial, artístico, los dos al mismo tiempo) a fines de los 80’s o en la década siguiente: Sonic Youth, Bad Brains, Soundgarden, Dinosaur Jr, Screaming Trees, entre algunos casos. Parte del traspaso de esas bandas a sellos más grandes se explica por los pésimos manejos administrativos del sello (léase: no pago de regalías).

Saccharine Trust

No hay una línea “editorial” /estética clara y definida alrededor del sello, pero se pueden esbozar un par de conceptos al respecto. En primer lugar, las bandas que conformaban el catálogo ya habían crecido escuchando rock, por lo cual se establece cierto diálogo con las generaciones previas, en especial con exponentes vistos de reojo por la crítica de rock (Black Sabbath, King Crimson, ZZ Top, Grateful Dead), otros que no tanto (Captain Beefheart, Neil Young), o, saludablemente, por fuera del rock mismo (Ornette Coleman, Funkadelic). En segundo lugar, toda esa estética justamente no tiene nada que ver con el concepto de utilizar el estudio de grabación como “instrumento” (Bowie-Eno-Kraftwerk-Moroder, su ruta, amén de todos ellos sí ser favoritos de la crítica de rock), sino por la composición y ejecución instrumental en tiempo real.

Promo de lanzamiento de All de Descendents

Una vuelta por el universo de SST, que sí, excluye a Black Flag, Hüsker Dü, y un par de los casos más representativos, para poder poner la lupa en otros artistas y sonidos menos conocidos.

Meat Puppets retratados por Lisa Haun

Minutemen – 3-Way Tie Last (1985)

Probablemente la banda más representativa del sello a nivel musical – quizá aún más que Black Flag-, por su total desdén de los preconceptos musicales que suelen rodear aun día al punk. Su disco doble Double nickels on the dime es prácticamente la plataforma de despegue para cualquier banda de raíces hardcore/punk y espíritu ambicioso/progresivo (pregúntenles a los Mars Volta o Tortoise). El último disco previo al trágico fallecimiento de su cantante y guitarrista D Boon los encuentra, respecto al anterior Double…, mucho más enfocados y engañosamente menos versátiles. Engañosamente, porque aquí hay rockabilly, spoken word, rap, los infaltables toques de jazz y funk, fuerte presencia de las raíces latinas (eran provenientes de San Pedro, California), hard rock, covers no tan obvios (Creedence, Meat Puppets, Blue Öyster Cult, cuya “The Red and the Black” proto-punk, se vuelve cuasi-ranchera en manos del trío), todo ello con una producción nítida y directa. Una notable despedida.

Ver también: Tar Babies – Fried Milk (1987): cuarteto de Wisconsin de estilo similar que, oh casualidad, contaba con Dan Bitney, futuro Tortoise, en sus filas.

Saccharine Trust – Surviving you, always (1984)

Un paso más allá en la batalla estética que libraba Black Flag, un probable puntapié inicial para comenzar a hablar de Saccharine Trust. Jazz punk progresivo, como los forajidos liderados por Ginn, pero con otros matices: una base rítmica más inventiva y ajustada, algún saxo invitado, un groove más cercano al funk, y el acercamiento al jazz, ya no solo a través del free, sino también mediante el bebop. Los sólidos cimientos del bajo y la batería preparaban el terreno tanto para las recitaciones (más que cantos) de Jack Brewer, derivas de flujo beatnik que no olvidaban el grano punk en el decir, como para las filigranas de la guitarra de Joe Baiza, hechas de ligados, disonancias y un más que interesante lenguaje armónico.

Ver también: el debut auto titulado de Universal Congress of, el grupo posterior (instrumental) de Baiza, ya en un registro de fusión jazz/psych/kraut muy lograda.

Meat Puppets – II (1984)

Un pullover muy colorido y deshilachado, podría ser una muy poética definición de la estética del trío liderado por los hermanos Kirkwood. Deshilachado por la frenética ejecución -los tempos no tan ajustados, también las afinaciones vocales al límite-, colorido por, una vez más, el desprejuicio a la hora de difuminar las fronteras del hardcore/punk: la psicodelia, el country, el pop, el rock sureño, para empezar. De seguro los conoces por su hit de MTV del ’94 (“Backwater”), o la participación de los hermanos en el Unplugged de Nirvana tocando “Oh me”, “Lake of Fire” y “Plateau”, todas, justamente, parte de II. Especial atención a como se abre esa última canción con su riff de guitarra eléctrica al final, o a las síntesis dialécticas de hc/sentidos alterados de “New Gods”, o los frippismos de “Teenagers”.

Dinosaur Jr – You’re living all over me (1987)

De Deep Wound, la banda hc de Boston determinante en la génesis del grindcore y el death metal, J Mascis pasó -junto a Lou Barlow y Murph- a formar una de las bandas claves, junto a Sonic Youth, en volver a poner las guitarras a mediados de los 80’s en el centro del rock, así como también abrir el camino para la incipiente est/ética shoegaze. You’ re living… es su segundo disco, primero para SST, y ya pone en la mesa los elementos de su -como lo llamara el mismo Mascis- ear-bleeding country: los saunas de lava eléctricos de Stooges y los Crazy Horse, tomando también de estos últimos el fraseo vocal nasal de Neil Young, y, oh, anatema para las tropas indies, el virtuosismo instrumental, sobre todo en la parla guitarrística de Mascis, un hablante locuaz de las seis cuerdas. “Sludgefeast” tiene que ser el mejor tema de Black Sabbath no escrito por ellos mismos.

Bad Brains – I against I (1986)

Salvando las claras distancias, a los Bad Brains en los 80’s les tocó en suerte cumplir el mismo rol que a la Mahavishnu Orchestra en los 70’s: embajadores de un sonido espiritual, furioso -pero no nihilista, muy por el contrario- y de gran despliegue instrumental. El debut y despedida de los cuatro rastafaris en el sello SST exhibe claras diferencias respecto al debut auto titulado y Rock for Light, tanto de producción (instrumentos mucho más separados, sonido más diáfano), como de composición (el reggae se encuentra integrado al sonido pesado, ya más decididamente metálico/crossover, más el viejo hc y algo de funk). I against I es, de alguna manera, el antecedente más directo de Fishbone, RHCP o Faith No More, Living Colour (especialmente), y casi cualquier otro exponente posterior de música pesada (en particular estadounidense) interesado en potenciar el groove de su propuesta.

Elliott Sharp & Carbon – Larynx (1988)

Sharp es un compositor (alumno de Morton Feldman, por ejemplo), multiinstrumentista y figurón de larga data en ese ambiente neoyorkino de vanguardia conocido como downtown. Esta pieza de seis partes (trackeada en dos movimientos en Spotify) tuvo su origen en una comisión para un festival, pero previamente tuvo su registro en este lanzamiento de SST. Ocurre de todo en esta composición con guitarras eléctricas, vientos, baterías y samplers: comienza en una tesitura más cercana a la clásica contemporánea, hiperactiva, cuasi de actividad celular, muta a un acercamiento más lúdico, con un lenguaje más próximo al jazz (pero no improvisado: todo esto está en partitura), jerarquiza tratamiento y modificación de timbres de instrumentos acústicos (piensen en Frank Zappa), y para el final de la primera parte de Spotify, integra todos esos elementos. Las referencias habituales a la hora de hablar de Sharp suelen ser Iannis Xenakis, Coltrane o el ya mentado Zappa, y son líneas de guía más que atinadas. Si bien tanto procedimientos como resultados son muy distintos, Larynx puede ser del interés de los seguidores de la música de Glenn Branca.

Ver también: SST se la jugó y editó discos de vanguardistas de la guitarra como Fred Frith (“The Technology of Tears”), o Henry Kaiser (“Those who know history are doomed to repeat it”)

Negativland – Escape from noise (1987)

El cuarteto de San Francisco -que sí, se llaman así por la canción de Neu!- famoso en los 90’s por el quilombo legal con U2, vendría a ser uno de los pocos exponentes de SST orientados a la electrónica. Aunque en rigor a la verdad, el espíritu de Negativland está más cerca de otro cuarteto con base en San Francisco: los Residents, que de hecho figuran como invitados en el disco, junto a otros nombres fuertes como Jerry García y Jello Biafra (!). Su propuesta es un collage de veras amplio y musical para oídos no tan iniciados en expresiones de vanguardia: canciones tocadas con instrumentos “reales” (“Nesbitt’s Lime Soda Song”), grabaciones de campo/sonidos encontrados, y fragmentos más orientados al humor o sampleos de radios/tv/ discursos. Si bien lo de Negativland no es exactamente plunderphonics (música hecha exclusivamente en base a otros registros musicales previamente existentes, como Avalanches o DJ Shadow), conceptualmente el resultado final no anda muy lejos de eso.

Slovenly – We shoot for the moon (1989)

Este sexteto de San Francisco sí que pasó (injustamente) por debajo del radar. Hay cierto parentesco con la propuesta de Saccharine Trust (y un baterista con paso previo por esa banda): Slovenly no era exactamente jazz punk, pero sí una suerte de jazz rock con dejo punk. No jazz fusión, no tanto lenguaje armónico expandido, sí jazz como punto de partida para un andamiaje libre de guitarras líricas, con arrojo melódico y poca distorsión, una base rítmica austera, pero con mucho swing, coloraturas de instrumentos de viento, y, at last but not least, la muy particular voz de Steve Anderson, no enteramente cantora, pero tampoco recitadora; una suerte de declamación con un mínimo toque de distancia irónica. Cierra el disco “Things fall apart”, pieza de 20 minutos que no es una suite progresiva, pero tampoco un mantra repetitivo: se podría decir que es un viaje aural que aúna surf, punk, y dub, suerte de primo espiritual del “Curtain Call” de The Damned.

Ver también: Blind Idiot God – Blind Idiot God (1987): trío instrumental de Missouri. Su disco debut abre con “Stravinsky/Blasting Off” y cierra con “Raining Dub”; esa literalidad en los títulos debería funcionar como orientación.

Divine Horsemen – Snake Handler (1987)

La banda de Chris D post-The Flesh Eaters (una banda de la escena punk de LA aumentada con saxos y marimba) lo encontraba en un espíritu similar al de X: blues, country, punk y rock and roll -con la depuración y crudeza del punk, pero sin resignar la destreza interpretativa que requieren los géneros roots – y la voz gran guiñolesca, semi-gutural del líder, apuntalada por la briosa voz de Julie Christensen, su pareja de aquel entonces. Vibras de Bonnie & Clyde y muy buenas canciones.

Screaming Trees – Buzz Factory (1989)

Antes de los discos Sweet Oblivion y Dust, y un par de videos con alta rotación en MTV, Screaming Trees era una banda de culto con cierta posición e influencia (tanta como para, en Argentina, mentarlos Gustavo Cerati como influencia para Canción Animal, u oficiar de guía para Massacre en sus primeros pasos por fuera del skate rock). Esta encarnación pre-90’s (sin Barrett Martin, el puesto de baterista lo ocupaba Mark Pickerel) aún no había robustecido del todo su sonido (ni Mark Lanegan lijado tanto su garganta), y apuntaba mayormente a cierta neo-psicodelia y el garage rock. El epicentro de las canciones tiene lugar en la insistente -y pletórica de wah wah- guitarra de Gary Lee Conner, evidente discípulo de Hendrix y Ron Asheton.

Descendents – All (1987)

Debut en SST del cuarteto de punk californiano pionero del hardcore melódico, y también debut del guitarrista Stephen Egerton y Karl Álvarez dentro del grupo. El grupo, completado por Milo Aukerman en la voz y -el ya por entonces ex Black Flag- Bill Stevenson en batería hace un pequeño viraje en All. Si bien hay canciones representativas del estilo más pop (“Coolidge”, “Clean Sheets”), se encuentra una impronta compositiva difícil de encasillar en el disco: fraseos de guitarra más disonantes, cortes y cambios de ritmo abundantes y un mood mucho más denso que el promedio de la discografía (como ejemplos, “Iceman”, “Cameage”, “Impressions” incluidas guitarras acústicas en esta última). ¿Black Flag? Puede ser, pero no tanto. ¿Crossover/thrash metal? Seguro que no. Un desvío particular dentro de una trayectoria bastante homogénea en su propuesta artística.


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