Por Gabriel Reymann
De alguna manera u otra, Argentina históricamente siempre se las arregló para expulsar, con mayor o menor delicadeza, a sus hijos fuera de sus fronteras. A Volver de Nacha Vollenweider (editada en Argentina, 2023, por Maten al Mensajero) y Sudor Sudaca de José Muñoz y Carlos Sampayo (editada en Argentina, 2015, por Hotel de las Ideas*) las separan casi 40 años de su realización, pero aparte de la estética en blanco y negro, las une la búsqueda por la identidad, de sus protagonistas en sí mismos y en relación al terruño, dentro o fuera de este último. ¿Por qué nos tenemos que ir tan lejos para estar acá?, en efecto.

Volver es una novela gráfica autobiográfica, de 200 páginas, cuyo recorrido temporal abarca cuatro años de vida de la autora, entre 2016 y, ups, la entrada a la pandemia del Covid-19. Nacha personaje comienza la historia casada con una chica alemana, desplazándose ambas en tándem por motivos profesionales, desde el país germano a Brasil, Belem do Hamburgo. El desplazamiento interior, sin embargo, no es compartido por la pareja de Nacha, por lo cual, tras un divorcio, queda por delante el regreso a la casa familiar Vollenweider en Córdoba.

La historia está presentada narrativamente de una manera más bien homogénea: grillas de dos viñetas horizontales, cuatro o seis verticales en su defecto. El estilo gráfico acusa una impronta sumamente espontánea, al estilo de pinceladas planas, la mayor parte de las veces, con irrupciones más libres -texturadas, en definitiva- en momentos muy específicos y con resultados bien logrados. El lenguaje corporal-expresivo está más que atinado, pero la mayor fortaleza del dibujo puede que esté en cómo retrata las locaciones (edificios, calles, cableríos) sin perder vigor expresivo alguno, tratándose de objetos inanimados.

Y es en la interacción entre esos dos factores representados (“los cuerpitos” y “las ciudades”), donde se debe hallar uno de los mayores puntos de interés de Volver. La construcción (y observación) de los espacios sociales y de las comunidades (ay este concepto en Argentina 2025), sea en Belem, o en Córdoba: los carteles, los comercios, los amuletos de los santos, ¡el extractivismo!, las caras (y los decires) de los vendedores callejeros y las diversas maneras que tiene el ser humano de entrar en contacto con lo que le rodea (y, porque no también, de estar en desfasaje con esas personas y lugares). Volver es un poco parienta espiritual de El reino de este mundo de Rodrigo Terranova (ya escribí alguito sobre El reino… acá), lo cual me lleva a…

El prólogo de El reino… está escrito por José Muñoz y, aparte de ensalzar la obra, establece una filiación entre el comic de Terranova y su Sudor Sudaca que realizara junto a Sampayo. Su realización se superpone al serial regreso (“Encuentros y Reencuentros”) de Alack Sinner, la obra principal en conjunto, y el itinerario de su publicación casi parece coincidir con el derrotero sociopolítico de la Argentina: el primer capítulo (“Storie”) aparece en la revista Superhumor, en 1981, para cuando la dictadura cívico-militar había atravesado ya su momento más brutal, y se termina de serializar a partir del número 1 de la revista Fierro (septiembre 1984), casi como si esta historia de raíces y destierros hubiese estado esperando para nacer en el lugar que le correspondía.

Las seis historias que componen el volumen (la ya mentada “Storie”, “Dos o tres mil cosas que los demás saben de mí”, “Viril convocatoria”, “Solos para siempre”, la que da título al libro y la central/más extensa “Otoño/primavera”) no guardan relación directa entre sí, ni trasladan personajes o hechos de una a otra, pero guardan todas una suerte de ajuste de cuentas no-explícito, no-estereotipado con el ser argentino en el siglo XX post-2da Guerra Mundial -que en términos generacionales es el mismo de Sampayo y Muñoz-, sin que intervenga en ello la autobiografía más literal en general, y con el tema del exilio en particular.

Si se tuviera que sintetizar en una sola imagen la filiación entre José Muñoz y el Frank Miller post-Sin City, debería ser esta.
Se pueden desagregar distintos registros dentro de la estructura general. “Storie” y sus cuatro páginas condensan la movilidad social de los 40’s y 50’s a través de marcas semánticas muy reconocibles para esa generación del pueblo argentino -tener relaciones sexuales en el zaguán, el primer auto, los hijos como primera generación de universitarios-; tiene una ternura (y distancia) similar a la letra de “Picture Book”, de The Kinks. “Viril…” también tiene espíritu de fresco de época; versa sobre el servicio militar y en diez páginas se pasea por cuestiones variadas, como la masculinidad -muy, muy frágil, más allá de la distancia de sesenta años-, las tensiones de clase y raza del país y el “patriotismo” ramplón -con la inserción anacrónica de un discurso de Galtieri-, que hoy en día puede resultarle muy desfasado a cualquier argentino, por mucho empeño que le ponga Victoria Villarruel y su memoria incompletísima.

Otra impronta, es la de, ahora sí, los argentinos exiliados en España durante el Proceso de Reorganización Militar. El tono en común a esos relatos es, lógicamente, la paranoia. Donde “Dos o tres mil…” vira hacia el ridículo y el malentendido tenso (¿es el protagonista Osvaldo Lamborghini?), “Solos…” se ubica dentro de un malentendido trágico. Muñoz, como ya venía haciendo en Alack Sinner, dota a todos y cada uno de los personajes de la historia de sus rasgos particulares; quizá aquí trate con mayor calidez expresiva a sus caracteres que en la saga del detective estadounidense, menos baconianamente, quizá por el tono mismo de la historieta. Hay también hallazgos narrativos para tirar al techo: los globos de diálogo “autoconscientes” (aclaraciones entre paréntesis en el texto de un globo de pensamiento, globos que son de diálogo y pensamiento) y la coexistencia de varios planos sonoros y visuales en “Dos o tres mil…”, los globos de diálogo corales (y en segundo plano) en “Viril…” que muestran los temores en la revisación militar, y quizá el mejor de todos, la huida de las imágenes en las viñetas de “Solos…” para dejar en su lugar a la foto del guion técnico en lo que directamente no puede ser mostrado.

“Sudor…” y “Otoño…” ya sí entran en el territorio del exilio más vinculado a la nostalgia -y el regreso-. La homónima -la primera publicada en Fierro- usa (y homenajea, porque estaba recientemente fallecido para el momento de la publicación) a la figura de Julio Cortázar como metonimia de todos los argentinos desterrados a partir de mediados de los 70’s. “Otoño…” tiene de fondo la convulsión y efervescencia política típica de las elecciones de 1983, cuyo resultado erigiría como presidente constitucional a Raúl Alfonsín, yendo en paralelo la historia de los vínculos. Pareja joven de argentinos a punto de casarse en el exterior, el padre (viudo) de ella y la madre (abandonada, años ha) de él, encontrándose y juntándose antes de ponerse demasiado viejos -en paralelo al regreso del padre/marido abandónico-. No es una cosa u la otra, son las dos: la euforia social y la trama de vínculos, puesto que ese “oído atento a todo” de Carlos Sampayo pone en simultáneo la mayor cantidad de sensaciones, diálogos, encuentros, desencuentros y reencuentros de una comunidad. Junto a Muñoz lo organizan narrativamente, y el dibujante lo cristaliza visualmente en esas arrugas de esos padres esperanzados, o en las gotas de sudor bajo el intenso sol veraniego de un muy lejano Sitges.
*una pronta reedición, gente de Hotel?


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