Comics: Borgia – Tu carne es arcilla

Por Gabriel Reymann

Psicomagia a un costado, el peso específico del chileno-francés Alejandro Jodorowsky durante la segunda mitad del siglo XX -y lo que va del XXI- está puesto en valor tanto por su labor cinematográfica (Fando y Lis, La Montaña Sagrada, Santa Sangre) como historietística (La casta de los Metabarones, Alef Thau, El Incal). La temática transversal al grueso de su obra en ambos campos -ya en la asíntota de la reiteración del tópico, dicho sea- es la idea del sacrificio*, en particular la automutilación por parte de sus protagonistas como metáfora de abnegación para alcanzar un estado superior de iluminación. Una persona difícilmente pueda cambiar su esencia, pero quizá sí su punto de vista; Borgia, sobre la casa nobiliaria romana, realizada junto al italiano Milo Manara, propone un giro copernicano dentro de la estética jodorowskiana. Aquí el protagonista es quien dispone la mutilación de cuerpos ajenos para encontrar su propia, em, realización: poder, en menos caracteres.

Borgia no se trata tanto de un racconto histórico lineal preciso -por más que hagan cameos Da Vinci, Botticelli y siga una clara línea cronológica-, como de un amplio telón que sirva de marco referencial para la exhibición del despliegue de una organización criminal-familiar: ahí es donde se pueden insertar sin problemas las comparaciones con Corleones, Sopranos o Puccios. Y es donde se halla una de las claves de la historieta: el delirio/carácter visionario/megalomanía del cardenal -luego Papa Alejandro VI- Rodrigo Borgia, el pater familias, vislumbra la erección -sí- de un imperio a través de la consolidación del vínculo familiar con sus hijos. De la manera que haga falta: haciendo coger a los hermanos entre sí (¿esto, de dónde me suena?), disgregándolos cuando sea necesario, obligándolos a contraer matrimonios de cartón para anexar territorios, medios para un fin**.

Esa edificación de una red de dominio territorial de poder está desplegada en un dispositivo por parte de Borgia que haría sonrojar a aquellos politólogos de stream que admiran la homeopatía de la crueldad por parte de líderes (sic) políticos. El Papa vislumbra las estrategias a adoptar -siempre en función de un carácter simbólico aleccionador- para ejecutar luego puestas en escena o simulacros, huecos de significado racional alguno, pero no de materialidad, lo que nos lleva de vuelta al comienzo.

Qué es el poder sino -en una de sus tantas variables- la disposición de existencias ajenas, he ahí otra clave de Borgia. Y en el siglo XV no existían ni la desmaterialización ni Baudrillard ni la realidad virtual ni los drones: los cuerpos son aquello de lo cual se dispone y expone (aún más y de manera más obscena que hoy). La tortura, la ejecución sumaria, el pillaje y la rapiña son la parte verdadera, no-falsaria de esas puestas en escena***. Y por más que las formas barbáricas den paso -a través de los siglos y sus revoluciones- a formas más «civilizadas» o los cadáveres estén entre las cuatro paredes de biombos, el condicionamiento y “organización” del ser social aquí y entonces es prácticamente el mismo: riqueza, poder eclesiástico, capital financiero, corporaciones transnacionales, pueden cambiar apenas las denominaciones, pero es el mismo templo donde se pronuncia la última Palabra.

¿Qué sentido hubiera tenido poner al frente de la faz gráfica a un dibujante grotesco o expresionista para retratar el tráfico de sangre, heces, semen, bilis y moscas por el caudal del río de la trama? Ninguno. Un dibujante apolíneo e italiano -y uno de los mejores en lo suyo- como Manara es prácticamente la única elección posible. En una versión mucho menos sintética de sí mismo, el maestro se une a otras aguas del acervo cultural de su país, emergiendo el énfasis en los volúmenes y la atención anatómica como un enlace con los míticos frescos de Miguel Ángel Buonarotti. La edición argentina por parte de Merci, en 2021, es de una factura técnica impecable para la apreciación del arte en particular, y la obra en general.

*ver la figura del mazo del tarot, “El ahorcado”. Jodorowsky es también tarotista.

**Nicolas Maquiavelo es otra figura histórica que asoma su cabeza por la historia para decir “hola!”

***porque en todas las épocas históricas, no importan los troll centers o la inteligencia artificial: cuando hay hambre, hay hambre, cuando uno se muere, se muere. El trending topic importa por un rato, después los balazos siguen haciendo sangrar, los platos siguen vacíos: aun teniendo doxeo y esas prácticas, a la corporalidad no hay con qué darle, mi viejo.


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