Por Gabriel Reymann
Dentro del campo de acción artístico de Carlos Trillo no había mucho lugar para los héroes impolutos, o las visiones maniqueas de la vida, por caso. Su sesgo más escéptico/cínico se inclinaba más por contar desventuras de personajes cuyo desempeño deportivo-vital se puede resumir en “se hace lo que se puede, mi viejo”. Para tales propósitos, Alberto Breccia siempre fue un coequiper ideal, y tras colaboraciones a fines de los 70’s como Un tal Daneri (la historia de un culata moralmente resbaladizo) y Viajero de Gris (los sueños de un tipo en prisión: hablemos de exilio interior en la Dictadura), llegó en las páginas de Superhumor, hoy re(co)editada por Sector Editorial y Doedytores, Buscavidas.

Dicen Víctor Mora y Luis García, autores del comic español de los 70’s Las crónicas del sin nombre, que se inspiraron en la estructura episódica libre de Mort Cinder (todas las épocas, todas las latitudes), para dar rienda suelta a la historia de un ente que visita (ocupa) hombres y mujeres de distintos tiempos y lugares para obtener entendimiento sobre la raza humana. Buscavidas y Las crónicas… mantienen un diálogo, involuntario, de seguro: la creación de Trillo y Breccia se mueve en episodios autónomos, sin relación entre sí, como una suerte de turista emocional o vampiro psíquico. El buscavidas es solo testigo (e inductor “diplomático”) de anécdotas ajenas, de todo aquel que preste el habla. Y qué mejor lugar para ser recolector y anzuelo de neurosis que un lugar con el habla tan ocluida como la Argentina del Proceso de Reorganización Nacional.

“Gente que roba historias ajenas: los psicoanalistas, los confesores, los torturadores, los periodistas y nuestro buscavidas” reza uno de los textos de presentación de la historieta en su publicación original, planteando una nivelación elocuente -y no exenta de ironía- por parte de Trillo. Cada capítulo se lee perfectamente por sí mismo, aislado, y el único momento de cambio de status quo es el episodio final, con justamente Mort Cinder de invitado. Lo que importa es el emocionario que emerge a la superficie, muestrario que no, no se compone de emociones (o acciones) positivas: sometimientos, paranoia, explotación, humillaciones y defecciones de toda índole, en un clima de mishiadura e infamia tan tanguero como arltiano. De lo privado (las sociedades laborales) a lo íntimo (las relaciones de pareja), la traición asoma como acto fundante de la trama social.

Humillaciones y defecciones de toda índole, pero no color: este es un Alberto Breccia totalmente en blanco y negro -ligeros toques de pincel seco para un gris por algún lado-, en su registro menos realista. Esto último significa expresionismo, brutalidad, pero también grotesco, farsa; una mueca tenebrosa y patética de piezas dentales torcidas. Hay en esta obra en particular del Viejo una grafía y una puesta dentro del plano de la viñeta de derrame y derrumbe: las figuras (y sus perspectivas!) se inclinan, estiran y se acechan entre sí como manchas expansivas de petróleo.

Aun cuando Trillo con sus textos y Breccia con su imaginario pusieran en página conflictos fuertemente articulados, el corazón de Buscavidas vuelve en el retorno de lo reprimido. En los semi-márgenes del texto están la comparsa de ciegos literales que desfilan por sus páginas (en los exteriores, pero también dentro de una sala de cine) o los carteles tipográficos donde abundan los NO. Son unidades de significado oficiando de lazarillos ciegos para guiar a otros ciegos.


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